Nunca espero grandes cosas de los demás, pero sí espero que lo que me den voluntariamente, sea de verdad. No busco la perfección en las personas, ni me fío de quien se cree perfecto, entre otras cosas porque nadie lo somos. Huyo de vanidosos y egocéntricos, ni me impresionan, ni me atraen.
A mí me gana una risa clara y espontanea, una llamada a tiempo cuando no es el tiempo. Me pierde un abrazo largo de esos que te estremecen el alma y hacen que sin darte cuenta terminen aflorando las lágrimas a los ojos sin saber porqué. Son esos abrazos que dan un calor especial, sabéis de lo que hablo.
Pequeñas cosas, detalles ínfimos, que hacen que me enamore o desenamore de una persona.









